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P. MOLLAR. Crítico de Arte (Mayo 2.008)= Casas Portella se rinde a la emoción del tema, a la luz, al color. Se extrovierte y a través de su obra nos habla de la belleza de lo natural, del encanto especial que encierra un rincón urbano de un pequeño pueblo., de la belleza perfecta de un conjunto floral, del encanto de un paisaje en el que los alme3ndros en flor ponen su mancha de color. Pintura de entrega, de pasión y también de control, sabiendo muy bien lo que quiera transmitir, haciéndolo a través de una pintura suelta y de un color alegre pero controlado, bien dispuesto todo.

 

J. L. ARA OLIVAN. Crítico Arte Periódico Alto Aragón (Junio 2.007).  El color es sin duda el mayor atractivo de estas pinturas que en buen número presente José Antonio Casas Portella, en el espacio Ibercaja Castillo Montearagón durante este mes de junio. Un colorido que también es un pretexto para ejercer sus facultades y recursos, para hacer plásticas las flores, los lirios, las dalias o las rosas; los pueblos, las lagunas o los bosques, en definitiva, para expresar sensiblemente su código estético, compendio de sensaciones y resonancias, para habitar en el aire, la luz y los espacios, para sugerir emociones, para expresar la belleza que le cautiva y desea trasladar.

Casas trata con valentía el medio paisajístico, a través de una penetración naturalista, cargada de vitalismo lumínico, con pinceladas resueltas y toques creativos. Pone su oficio al servicio de esa parte intangible que lee escrutadora los ambientes que crean la belleza, que consigue impregnar los lienzos con la placidez y la discreción que impele el respeto.

 Desde Ansó a Sariñena, pasando por los bosques de hayas, hasta Búbal u Ordesa, el pintor va desgranando el sentir de sus ideas y pensamientos. Reflejando su sincera lectura de estos lugares, de unas pinturas que son certeza muestra de su mirada interior, impresiones que su contemplación le ha producido.

Para el pintor el arte le sirve para proyectar el mundo vivido que subyace en su interior, conjugar los colores aprendidos de la realidad con las poéticas añoranzas que ha descubierto en un ramo de flores, en una plaza de un pueblo o en unas aguas casi dormidas.

 En estas obras mas que un mensaje hay un deseo, es una reindivicación ecológica, una sutil bandera por todo lo natural. Casas hace un acto de afirmación de su pintura para comunicar su pasión por estas tierras, por sus pueblos y su belleza. Es un canto a la serena contemplación, a la relajada mirada de quien ve tanto como siente, de quien ama tanto como pinta. 

Estamos pues ante una exposición que tiene como propósito el sugerir, ilusionar al espectador con lo más cercano, con la belleza más próxima, con la “fragancia” que exhalan estos paisajes, estos bodegones, y hasta esas barcas marineras que nos invitan a soñar y a ilusionarnos, a conducir la mirada a la esperanza de los sueños.

Estos cuadros son como ventanas que el pintor deja abiertas para que todo el mundo pueda ver por ellas. Todo está en reposo, en dulce calma, para que el espectador se apropie de ello y sus sentidos cobren significado. Cada realización es una experiencia que ha sido concretada en forma de flores, paisajes o monumentos, que expanden su “fragancia de primavera”, en sensaciones cercanas a un poema.

 José Antonio Casas tiene en la belleza el punto de partida de su pintura, por eso sus cuadros captan la verdadera dimensión estética de unos modelos bellos de por sí para hacerlos plásticos y comunicativos.

 

 

H. Casa Juana. Crítico Arte Gal-Art. Octubre 2.002 Ir paso a paso, sin prisas, sin el correr que puede provocar caídas; así es la carrera pictórica de Casas Portella, nacida en una vocación lejana en el tiempo  y que se ha materializado en los últimos años. Empezó utilizando la técnica del pastel, que fue paso enriquecedor para llegar al óleo, técnica en que se desenvuelve muy bien.

El paisaje es su temática preferida, un paisaje que se abre al mar en muchas ocasiones, con las construcciones bordeando el paseo que recorre la playa. Pero también se encuentra altamente cómodo con las vistas de calles de pequeñas poblaciones.

Es la suya una pintura jugosa, rica en matices, cuidada, que consigue brillantes resultados especialmente en su visiones del atardecer, cuando las luces de los edificios titilan sobre la quieta